Historia

El día culminante: la Coronación Canónica de la Virgen de la Fuensanta

La ciudad de Murcia vivió una de las jornadas más intensas y memorables de su historia religiosa con la coronación canónica de su Patrona, la Virgen de la Fuensanta. Aquel día, marcado por la fe y la emoción colectiva, quedó grabado para siempre en la memoria del pueblo murciano.

La celebración en la Catedral

La mañana comenzó en la Santa Iglesia Catedral de Murcia, donde se congregaron autoridades eclesiásticas, civiles y militares, junto a una multitud de fieles. El Serenísimo Infante don Fernando de Baviera fue recibido solemnemente por el Obispo de la Diócesis. El templo, ricamente engalanado para la ocasión, mostraba en su fachada los escudos pontificios y episcopales, signo visible de la comunión con la Santa Sede y del carácter oficial de la ceremonia.

Se celebró un solemne Pontifical, acompañado por capilla y orquesta, que elevó el tono espiritual del acto. Finalizada la Santa Misa, se dio lectura a la concesión de la Bendición Apostólica otorgada por el Santo Padre Pío XI, y el Nuncio Apostólico, Federico Tedeschini, impartió solemnemente la bendición al pueblo fiel.

El infante don Fernando asistiendo, en representación del Rey, al acto de la coronación de la Virgen de la Fuensanta, acompañado del ministro de Hacienda. Los obispos que asistieron al acto de la coronación (fotografía de La Hormiga de Oro, publicada el 5 de mayo de 1927).

La procesión hacia el Puente Viejo

Concluidos los ritos en el interior del templo, la imagen de la Virgen salió por la Puerta del Perdón para dirigirse en procesión hacia el Puente Viejo. Las calles estaban cubiertas por tropas que rendían honores, mientras un larguísimo cortejo acompañaba a la Sagrada Imagen: primero el clero, después las autoridades militares y civiles.

El Alcalde portaba la corona destinada a la Virgen, mientras la del Niño Jesús era llevada por una joven vinculada a la Camarera de la Patrona. Las campanas repicaban sin descanso y la ciudad entera se volcaba en la celebración. Paseos, plazas, balcones y azoteas estaban repletos de fieles que querían ser testigos de aquel momento irrepetible.

El momento de la Coronación

En el centro del Puente Viejo, junto al barrio del Carmen, se había dispuesto un altar. Allí fue colocada la imagen, despojada aún de su corona. El Nuncio Apostólico, actuando por delegación episcopal, entonó las preces litúrgicas propias del rito de coronación.

Recibidas las coronas de manos del Alcalde, impuso primero la del Niño Jesús. Después, tomando la corona de la Virgen, trazó con ella la señal de la cruz hacia los cuatro puntos cardinales de la ciudad, como gesto de bendición y consagración del pueblo murciano a su Madre. Finalmente, ciñó la corona sobre las sienes de la Virgen de la Fuensanta.

En ese instante, todos los campanarios de Murcia rompieron en un clamor unánime. Las bandas interpretaron la Marcha Real, las tropas rindieron honores y el pueblo prorrumpió en vítores. Una suelta de palomas acompañó el momento culminante, mientras una lluvia de flores caía sobre la imagen coronada.

Solemne procesión presidida por el Nuncio de Su Santidad. La Virgen de la Fuensanta en su entrada a la Catedral (fotografía de La Hormiga de Oro, publicada el 5 de mayo de 1927).

El regreso triunfal

Tras la ceremonia, la procesión regresó a la Catedral en medio de una auténtica marea humana. Las calles estaban completamente abarrotadas y el paso avanzaba lentamente entre aclamaciones y pétalos. Las tropas tributaron honores de Capitán General a la Patrona.

Ya en el interior del templo, se entonó un solemne Te Deum en acción de gracias. La jornada litúrgica culminó con una Salve solemne y el canto del himno oficial de la Coronación, interpretado por los coros y acompañado por el órgano catedralicio.

La gran Procesión de Homenaje

Por la tarde, Murcia volvió a vestirse de fiesta para la procesión extraordinaria de homenaje a la Patrona coronada. Desde primeras horas, las calles presentaban el aspecto de las grandes solemnidades. Parroquias, pedanías y pueblos de la huerta murciana acudieron con sus estandartes e imágenes titulares: Zeneta, Monteagudo, La Raya, Guadalupe, Beniaján, Espinardo, Nonduermas, Aljucer, Puente Tocinos y tantos otros lugares quisieron estar presentes en un homenaje sin precedentes.

Desfilaron asociaciones, congregaciones marianas, cofradías sacramentales, seminarios, colegios religiosos y numerosas representaciones civiles. La nobleza, órdenes militares y autoridades provinciales acompañaron igualmente el cortejo.

La Virgen de la Fuensanta, resplandeciente bajo la luz eléctrica, avanzaba sobre su trono de plata entre continuos aplausos y vítores. Las coronas, recién impuestas, brillaban como símbolo visible del amor y la devoción de su pueblo.

Cerraban la procesión el Nuncio Apostólico, los obispos presentes y el Ayuntamiento bajo mazas, presidido por el Alcalde.

Iluminación de la Torre de la Catedral y aledaños con motivo de la coronación (fotografía de La Hormiga de Oro, publicada el 5 de mayo de 1927).